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“Las monjas “Siervas de María” de San Juan de Puerto Rico.”

Estas monjas fueron depositarias en su día de la bandera del buque mercante “Antonio López” de la Compañía Transatlántica Española, navío de vapor y vela, de 1 chimenea, 3 mástiles y 6.400 toneladas, primer buque español con casco de acero y dotado de luz eléctrica, comandado por el capitán Ginés Carreras, que había salido del puerto de Cádiz con un cargamento de armas y otros pertrechos para San Juan el 16 de junio de 1898, fatídico año aquel para nuestra historia. El buque fue atacado el 28 de junio por el USN Yossemite cuando se acercaba al puerto de San Juan, varando en las proximidades de Playa Socorro, y fue cañoneado de nuevo el 16 de julio por el USN New Orleans. Tras aquel último ataque, un marinero llegó nadando a tierra, moribundo, con la bandera del buque y la entregó a quien le tendió la mano ayudándole a ganar la orilla, haciéndole prometer, antes de morir, que no la dejaría caer en manos extranjeras. Aquel hombre, depositario de la bandera, de origen gallego, se apellidaba Rocafort y la mantuvo custodiada como el tesoro que era. Este apellido no es extraño ahora en esta isla.

Un año antes de estos hechos, en 1897, ocho hermanas españolas de la congregación de las Siervas de María, llegaron a instalarse a San Juan de Puerto Rico, regentando un hospitalillo para cuidar a los más pobres y desvalidos. El hospital se encontraba a la entrada del puerto y Rocafort veía como las hermanas saludaban con sus pañuelos a los barcos españoles cada vez que entraban o salían de él. La preocupación le embargaba a Rocafort pues no sabía bien qué hacer con aquella bandera para mantener su promesa el día que él faltase, y el gesto de aquellas monjitas que saludaban a sus compatriotas desde las ventanas de su convento, le dio la feliz idea.

Un buen día se presentó en el pequeño hospital e hizo entrega, a la madre superiora, de aquella enseña que le había entregado el marinero español, cumpliendo de esta manera, la promesa hecha al moribundo de que no la dejaría caer en manos extranjeras. Las monjas, desde su privilegiada situación en la entrada a la bahía de San Juan, hacen flamear la bandera cada vez que un barco español entra o sale de aquel puerto caribeño. Los barcos, en mitad de la canal de entrada, hacen sonar su sirena y flamean igualmente la suya correspondiendo al saludo.

Actualmente de las 27 hermanas de la comunidad de San Juan, solo cinco son españolas, Sor Maximina, Sor Luisa, Sor Virtudes, Sor Prudencia y Sor Dolores. Ellas son las que se encargan de enseñar la bandera, les gusta el encargo y mantener la tradición.

El domingo 9 de mayo fue el día de salida del Castilla de su escala en San Juan. La salida fue por la tarde y por la mañana las hermanas pudieron visitar el buque donde asistieron a una misa oficiada en el comedor de marinería por Jesús María, Padre capellán, con ese nombre ya podrá.

La visita fue magnífica, fueron doce hermanas las que llegaron a bordo, quedando las demás al cuidado de los enfermos en su hospital, irradiaban alegría, se asombraban por todo y todo les gustaba. Después de la misa y la correspondiente visita al barco, tenían prisa por regresar al convento pues habían estado en pie toda la noche cuidando enfermos y debían dormir.

Ellas recibieron al Buque Castilla el día 6 y lo despidieron a la salida de la forma que es ya tradición con los buques españoles. Por parte del Buque Castilla, tanto a la entrada como a la salida, hizo sonar la sirena y ondeó la enseña nacional para corresponder al saludo que desde su balcón hacían con una gran bandera española. A la salida, el Buque Castilla redujo la velocidad en la canal de boyas a la mínima de gobierno, haciendo más larga aquella despedida, a la que se sumaron los acordes de “En mi viejo San Juan” sonando por los altavoces del buque. La mitad de la ciudad escuchó aquella música y por supuesto las monjas, que no dejaron de tremolar la bandera en señal de despedida y agradecimiento a la visita efectuada por los marinos españoles que tan sacrificado pero satisfactorio trabajo han realizado en tierras haitianas.

Un abrazo.

fuente: B.A.A Castilla (facebook).

Más info: http://www.perezreverte.com/articulo/patentes-corso/557/las-monjas-y-la-bandera/

*a otra cosa mariposa...

Comentarios

  1. Bonita historia y preciosa tradición, esta noticia merce mas notoriedad...

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  2. Como español, me he emocionado. Vaya desde aqui mi afecto más fraternal para esas monjitas que cumplen tan alto honor.

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  3. En el año 1977 era yo un joven alumno a bordo del "Galeona", buque de la Cia. Trasatlantica Española y entrando de noche en San Juan de Puerto Rico, hicimos sonar el tifon y a pesar de lo intempestivo de la hora, se asomaron estas monjitas al balcon y nos hicieron señales con un farol. No he vuelto desde entonces a San Juan, pero me sigo emocionando al recordarlo.

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  4. Yo tambien soy ESPAÑOL ORGULLOSO DE SERLO y la verdad que e leido la guerra contra los yankis y resulta que España en aquel momento tenia un submarino que podria haber derrotao a los americanos y nosotros haber dao su merecio a esos cerdos pero que el gobierno que habia en ese momento en el parlamento se voto encontra de usarlo lo cual fue un error lastima podria haber seguio siendo provincias de ultramar ESPAÑOLAS

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  5. Ojala y no se pierda esa tradicion de las hermanas me llena de orgullo ver la bandera ESPAÑOLA aya aunque sea solo con los barcos ESPAÑOLES VIVA ESPAÑA Y PUERTO RICO PAISES HERMANOS

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  6. Otra bonita historia a sumar, a mis muchos años, cada día me asombro más de la historia de España, que orgulloso me siento de serlo.

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