lunes, 30 de agosto de 2010

Soldados españoles en Afganistán: «Nos atacan con misiles chinos y lanzagranadas».

La nueva base española en Qala-i-Now no tiene un árbol. Piedras, tierra y edificios preconstruidos conforman la atalaya que domina el aeropuerto y la pequeña localidad, en cuyo centro, hasta que las cosas se complicaron más de lo previsto, se situaba el acuartelamiento de nuestros soldados, el mismo en el que el miércoles fueron asesinados dos guardias civiles y su intérprete. Ese paisaje se repite, con algunas variaciones de color y con pequeñas islas de vegetación, muchas veces opio, con una cadencia de vida casi medieval. Casi, si no fuera por los kalashnikov y los RPG-7 que cada vez con más frecuencia rompen la monotonía del paisaje.

Ahora, esos parajes los recorren soldados de la Brigada Paracaidista. Hasta hace muy poco lo hacían los de la Legión. Unos y otros cuentan sus experiencias a LA RAZÓN, y coinciden en hablar con un cierto mal sabor de boca. «Cansa saber que los “malos” están aquí o allí, que los ves y los tienes perfectamente localizados y que tu Gobierno no te deje hacer nada», confiesa uno de los soldados ya en suelo español.

El día a día allí, explica otro, depende mucho de la misión que te toque. «Si estás en Qala-i-Now, en la base, te aburres más, pero si sales de patrulla o vas a las posiciones avanzadas, la cosa cambia, ahí tienes casi todos los días acción», señala. Este militar, que como todos los que han hablado con este periódico prefiere que no se dé su nombre por temor a represalias del Ministerio, estuvo en la posición avanzada de Sangh Atesh, una de las que más ataques ha sufrido por parte de la insurgencia. La base avanzada de Sangh Atesh, como la de Muqur, más al este, está prácticamente en medio de la nada y las dependencias donde duermen los soldados, como las oficinas, están bajo tierra para evitar que los ataques del enemigo afecten al campamento. Y es que esos ataques son una tónica relativamente habitual. «Los primeros días en Sangh Atesh nos atacaban con RPG-7 (lanzagranadas) y misiles chinos de 107 milímetros», recuerda uno de ellos. «Al principio, cuando te encuentras con eso, pasas miedo, luego los ataques se convierten casi en una rutina, y lo que haces es ir a buscar desde dónde te han lanzado los “pepinos” para ver si los pillas», añade. Lo que buscan los talibán es que las tropas españolas no se hagan con el control de zonas importantes para ellos, como pasos (en donde los insurgentes instalan «peajes»), campos de opio o vías de tráfico de droga.

Desde esas bases avanzadas, ambas al norte de Qala-i-Now, los soldados patrullan zonas cercanas con importante presencia talibán. Y tienen claro cuáles son las peores áreas: «Una vez que pasas Sangh Atesh es territorio hostil», tanto que, relata uno de los soldados, «a la vuelta de una misión nos pusieron nueve IED’s en el camino». IED son las siglas en inglés con las que se denomina a los artefactos improvisados que los insurgentes ponen en los caminos por los que transitan las tropas. En ocasiones son bombas montadas con antiguas granadas o minas rescatadas de guerras anteriores, pero el contingente ya se ha encontrado con explosivos montados gracias al fertilizante que las agencias de cooperación reparten entre los agricultores y que, al contener nitratos, pasa a formar parte de esos IED.

Sensaciones
Y aunque en esas zonas es más común encontrarte con el enemigo, «no hay ningún sitio en el que digas que estás tranquilo, tienes todo el rato esa sensación de guerra». Todos tienen claro que lo que hacen allí queda muy lejos de la imagen que desde el Gobierno se transmite sobre la misión. Eso sí, se reivindican como lo que son, soldados, guerreros, voluntarios en una misión en la que saben que se la juegan, pero que no les arredra ni lo más mínimo. De hecho, uno de ellos confiesa que «todos los días que salía de patrulla estaba deseando que pasara algo». Otro no duda: «Si tuviera que morir, antes que atropellado, prefiero que sea en acto de servicio, trabajando por mi patria».

Más al norte de la base avanzada de Sangh Atesh, en la zona de Bala Murghab, alerta un legionario, «hay tres aldeas que se sabe que son talibanes, pero como no nos dejan hacer nada, pues ahí siguen». La queja se repite, se sienten atados de pies y manos por unas instrucciones políticas que, dicen, «no tienen mucho sentido cuando ves lo que ves allí». En esta línea, subrayan, «si no hubiésemos estado tan limitados, las cosas habrían ido mucho mejor, se habría avanzado mucho más». Luego aparecen los estadounidenses, «que vienen a lo que hay que venir aquí», y actúan directamente contra los talibán.

Este soldado recuerda que volviendo de la base de Bala Murghab, quizá la peor zona de la provincia «española», «nos tiraron a la salida de una de las aldeas con RPG y varios de los proyectiles cayeron a tres o cuatro metros de los últimos vehículos del convoy; nos dimos la vuelta y enfilamos hacia el pueblo, unos cuantos tiros y volvimos a enfilar la carretera».

Los convoyes españoles acompañan habitualmente al Ejército afgano en sus patrullas, sobre cuyos soldados los nuestros opinan que «como guerreros son muy buenos, lo llevan en la sangre, lo que pasa es no tienen control y el gatillo muy fácil; en una situación de tensión disparan a todo lo que se mueve sin tener en cuenta si son talibanes o ciudadanos normales, y eso luego nos trae problemas».

De todo esto, sus familias saben lo justo hasta que sus allegados llegan a casa. Y eso es lo que más sufren sobre el terreno, como reconoce uno de los soldados, que asegura que «muchas veces lo más duro es acordarte de los que están en casa, que sabes que lo están pasando mal por tí, y ves a chavales que están allí muy “rayados” porque lo llevan muy mal; el calor, las leches, dormir al raso o comer polvo se lleva, pero lo otro es más complicado porque está ahí en la cabeza machacándote».

De ahí que cuando llegan a casa, el recibimiento sea una fiesta. Banderas de España en todo el aeropuerto, todos sus familiares con carteles de «campeones», gritos, cánticos y besos, como si quien llegara fuera la Selección. O mejor, porque esta selección se juega la vida cuatro meses, como recordaba Casillas en un vídeo que enviaron a Afganistán, defendiendo nuestro país. Un recibimiento propio de lo que son: héroes.

fuente: La razón.

*a otra cosa mariposa...

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