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Dos heridos en Irak y Afganistán aseguran que los políticos «no saben valorar a los hombres que tienen».

MADRID- Rubén López tiene 22 años. Hace tres, una mina colocada por un talibán le arrancó una pierna y acabó con su vida militar, con su pasión. Sergio Santisteban tiene 35 años; en 2004, un atentado en Irak le dejó inutilizados el antebrazo y la mano izquierda, sufrió secuelas en una cadera y padece estrés postraumático. Y a ambos, como a tantos otros veteranos de guerra en España, nadie les hace caso. Ni los políticos ni la sociedad, tan poco acostumbrada a la existencia de un colectivo al que los políticos acuden «a hacerse la foto», pero no a reconocerles como es debido su trabajo.

Hoy, el sargento Santisteban y el caballero legionario paracaidista López serán protagonistas de la manifestación convocada por la Asociación Unificada de Militares Españoles (AUME) a las doce de la mañana, en la que reclamarán los derechos y el reconocimiento debido a los militares. Frente al Ministerio de Defensa, reclamarán, entre otras cosas, «dignificar» la profesión.


Rubén López pasó ocho meses en el hospital Gómez Ulla tras el ataque. «El primer día, el ministro Alonso vino a hacerse la foto y luego nunca más se supo», asegura a este periódico. Nadie más se puso en contacto con él ni se interesó por su evolución. Actualmente cobra su pensión por invalidez, pero, afirma, «el dinero me da igual, lo que quiero es que se reconozca de verdad nuestro trabajo por la sociedad y por los políticos». Estos últimos, continúa, «no saben valorar a la gente que tienen».


Cuando se le pregunta por qué cree que los veteranos están en el olvido más absoluto, lo tiene claro. «No nos dan ningún trato porque cuanto menos se sepa de los heridos, mejor». Tanto es así, reflexiona, que ni siquiera se invita a los heridos a los actos. «Es un detalle, tampoco les costaría tanto llamar e invitarnos al desfile del 12 de octubre», critica, mientras añade que «España no quiere a sus soldados». Rubén López cree que «a la larga, las cosas pueden cambiar si se reconoce lo que hacemos en las misiones de verdad».


Sergio Santisteban coincide con él en muchas de sus percepciones. La primera, en que les duele que la gente piense que los soldados van a las misiones por dinero. «Yo fui por vocación, porque es mi profesión», dice el soldado López. Más duro se muestra el sargento Santisteban, que pregunta si alguien cree que un militar «va a irse a Afganistán a jugarse la vida por 1.200 euros más es que el que necesita tratamiento médico es él, la gente va allí por vocación».


El sargento, herido en Irak, exige que se reconozca a quienes combatieron allí, a los soldados que consiguieron sacarle con vida de Diwaniya, y lamenta que el Gobierno «haya alejado al pueblo de los militares». Cuando él volvió de Bosnia, recuerda, se hizo un desfile en Córdoba al que fueron 70.000 personas. Hoy, estas llegadas se hacen a puerta cerrada y sólo pueden acudir los familiares. «Así cómo va a haber una cercanía de la sociedad con los soldados», se pregunta. Sus sensaciones tras ser herido es que todo es un «despropósito» y que está «desencantado». Desencanto que se agudiza cuando en Hacienda le reconocieron que deberían estar pagándole el doble de lo que le pagan por su invalidez.


Sergio Santisteban
Empleo y edad: sargento, 35 años
Herido en: Diwaniya, Irak, en 2004.
Secuelas: estrés postraumático, antebrazo y mano izquierda prácticamente inutilizados y cadera dañada.


Rubén López
Empleo y edad: caballero legionario paracaidista, 22 años.
Herido en: Afganistán, 2007,
Secuelas: amputación de la pierna izquierda, daños en la derecha y en el brazo izquierdo.

fuente: La razón.es

*a otra cosa mariposa...

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