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El último despliegue del USS Enterprise (CVN-65).

De ABC.es (Pedro Rodíguez)
 
Le llaman «Big E» (la E grande). Y es que desde un punto de vista militar, casi todo lo relacionado con el portaaviones «USS Enterprise» resulta mayúsculo, superlativo y bastante extraordinario. Es el buque más largo en el inventario de la Armada de Estados Unidos y también el más veterano, pero sobre todo fue el primero propulsado con ayuda de reactores nucleares. Sirvió para «repescar» al astronauta John Glenn tras su histórica órbita a la Tierra. Y por supuesto, no se ha perdido ninguno de los frentes calientes de la Guerra Fría y posteriores conflictos. Además de haber servido a Hollywood como realista decorado de 80.000 toneladas para el rodaje de la película «Top Gun». 
 

Aunque inicialmente estuvo pensado para durar 25 años, sucesivas modernizaciones han permitido prolongar su vida útil durante medio siglo. Pero su mantenimiento y constantes reparaciones a la medida —hace tiempo que no quedan piezas de recambio— resulta cada vez más costoso, la tecnología cambia y su «The End» oficial se encuentra ya a la vista. El segundo domingo de marzo partió de su base habitual en Norfolk, Virginia, con destino a Oriente Próximo. Un último despliegue de siete meses de duración y con múltiples frentes abiertos, desde las ambiciones nucleares de Irán a los piratas de Somalia pasando por la catástrofe humanitaria de Siria.

Disuasión familiar

Aunque las amenazas puedan resultar nuevas, la disuasión que representa el «USS Enterprise» resulta bastante familiar. Desde la Segunda Guerra Mundial, y con toda la gloria alcanzada contra los japoneses en la batalla de Midway, los portaaviones se han convertido en herramienta militar favorita para Estados Unidos, con una decena en servicio activo y otros dos de la nueva clase «Gerald R. Ford» en construcción. Según estimaciones de la Navy, en un ochenta por ciento de escenarios internacionales de violencia, la respuesta previsible de Washington ha sido enviar uno o más portaaviones.


Las guerras del Golfo
Este tipo de buques «es un lujo que solo se pueden permitir los americanos», explica el almirante Gonzalo Rodríguez González-Aller. A su juicio, «no es que Estados Unidos, como los británicos en su día, disponga de una Navy superior a los dos siguientes, es que tienen una Armada superior a todas las demás. Ellos son conscientes de que la hegemonía económica se apoya sobre el control del mar. Y su gran baza son los portaaviones con los que además son capaces de proyectar poder naval sobre tierra. El resto de las naciones ya no aspira a tener portaaeronaves de estas características».


Director del Museo Naval en Madrid, el almirante destaca que el «USS Enterprise» supuso una innovación muy importante al introducir la energía atómica en la propulsión de un portaaviones, opción hasta entonces limitada a submarinos. El resultado, según González-Aller, «cambió la estrategia marítima» al hacer realidad «una ciudad flotante, aeropuerto y fortaleza con posibilidad de desplegarse en muy poco tiempo hasta cualquier parte del mundo sin necesidad de repostar».

En todo ese exhibicionismo estratégico, el «Enterprise» ha estado en primera fila. Junto a los cruceros nucleares «Long Beach» y «Bainbridge», protagonizó en el verano de 1964 la operación «Sea Orbit»: dar la vuelta al mundo sin reabastecerse de combustible. Salieron de Gibraltar un 31 de julio y en 65 días cubrieron una distancia de casi 49.000 kilómetros, bajo el lema «Poder nuclear para la paz». Una edición actualizada para la era del átomo de la circunnavegación ordenada por Theodore Roosevelt a la flota blanca de acorazados de vapor a comienzos del siglo XX. 

Como ha reconocido el contralmirante Walter Carter, comandante del grupo de combate encabezado por el «USS Enterprise», «para servir en este barco, ciertamente hay que ser consciente de su historia». Una trayectoria que se remonta a la crisis de los misiles en octubre de 1962, cuando el presidente Kennedy ordenó una preventiva «cuarentena» de todo el tráfico aéreo y marítimo con destino a la isla de Cuba al descubrirse el amenazador despliegue de misiles nucleares de la Unión Soviética en connivencia con el régimen castrista.

Después vendría la guerra de Vietnam, en la que la dotación de aviones del «Enterprise» formaron parte de los ataques aéreos contra los comunistas de Hanoi. Al final de ese conflicto, con la caída de Saigón en abril 1975, el portaaviones participó en la operación «Viento Frecuente» para evacuar a miles de vietnamitas en busca de un desesperado santuario. Y por supuesto, tras la ofensiva terrorista del 11-S, este trabajado portaaviones fue el primero utilizado para exigir responsabilidades. Según el contralmirante Carter, «con cincuenta años de servicio, nunca hemos tenido en nuestra historia un barco de guerra tan longevo».

Cuando se utilizó el «Enterprise» para rodar «Top Gun» en los ochenta, los productores dejaron como recuerdo unos dados de peluche de color negro. Detalle que todavía se conserva a bordo del portaaviones. Aunque en caso de que Hollywood quisiera rodar una segunda parte, tendrán que buscarse otro barco. Ya que a su vuelta en otoño —tras completar su despliegue número 22— le espera un laborioso proceso de desguace. Primero, cerca de los astilleros donde se construyó en Virginia, se le retirarán sus propulsores nucleares. Y lo que quede será remolcado hasta las costas del Estado de Washington para convertirse en chatarra.


fuente: ABC.es

 *a otra cosa mariposa...

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