miércoles, 26 de septiembre de 2012

El 'Relámpago' P-43 sígue su misión en el Índico después de un merecido descanso en Muscat.

Vida a bordo 22 septiembre 2012.
 
Tras el descanso de Muscat ya estamos de nuevo en la mar. El puerto no estuvo mal, ya que Omán es un país que está creciendo gracias al petróleo y se nota. Sin ir más lejos, atracado cerca del Relámpago estaba el yate del sultán, nada… un “chinchorro” de  unos cuantos metros de eslora y del que mejor no imaginarse como debe ser por dentro, con lo que gusta el lujo por estas regiones (aquí se comprende la famosa expresión “lujo asiático”…). Ahora, que mucho espacio para almacenar cosas no debe de tener… porque para eso lleva su barco de apoyo, de un porte también considerable para poder albergar, me imagino, veleros, motos de agua o mini-submarinos… a saber, lo que sea menester. En definitiva, que el yate del sultán resulta aparecer en la red de redes como el tercero mayor del mundo, como serán los dos primeros.

 Registro amistoso de embarcación de pescadores.

Aparte del yate, que impresionaba, nada más salir a la calle ya se aprecia que dinero no falta, y llama la atención lo cuidado de los jardines, césped cortado milimétricamente, y numerosas cuadrillas para su cuidado. En un lugar tan desértico sin embargo parece que el agua no falta, dado el aspecto saludable del césped… si hacen un agujero están para ponerse a jugar al golf. Otro detalle de que la salud económica no marcha nada mal son los coches que se ven por las calles, muchos muy nuevos y de marcas de prestigio, así como los hoteles, que ya solo de entrar en el vestíbulo asusta.

Lo malo del puerto es que pasa como con las vacaciones, que siempre son cortas duren lo que duren, pero en esos días todos aprovechamos para descansar, ir de compras, hacer un poco de turismo y tomar algo con los amigos. Cargar pilas en definitiva, que ahora tenemos unas dos semanas por delante hasta el siguiente puerto y viene muy bien esta recarga, y aunque de momento estos días están transcurriendo tranquilos, nunca se sabe dónde ni cuándo puede saltar la liebre. Pero tranquilos no quiere decir inactivos, porque actividad y trabajo no son cosas que escaseen por aquí. Más o menos, el régimen de vida es este: las guardias están hechas para que se esté seis horas de guardia y doce de descanso. A esto hay que sumar el horario de trabajo fijo durante la mañana, el vuelo también diario de helicóptero (que implica prácticamente a toda la dotación) y los imprevistos que puedan surgir. Así, dependiendo la guardia que haya tocado ese día, puede verse uno con una cantidad considerable de horas de trabajo, que, si no surgen imprevistos, más o menos se compensan porque al día siguiente toca el “día bueno”, lo que hace que la media de horas no se dispare y haya tiempo para relajarse viendo una peli, leyendo, charlando con los amigos… o dándose una paliza en el gimnasio o cubierta de vuelo, intentando desprenderse de esos gramos, o kilogramos, que se agarran como garrapatas y ni aun con espátula consigue uno que se despeguen. Al final habrá que sobornar a Don Tino para que deje de hacer “delicatesen” casi a diario, que así no hay manera.

Repostaje en vuelo.


fuente: Armada española.

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