domingo, 10 de febrero de 2013

Vida a bordo del Juan Sebastián de Elcano en su crucero de instrucción.

Vida a bordo día, 06 febrero de 2013

El día 5 de febrero, primer día después de dejar Funchal, se navegó parte de la noche a mixta, debido a que el viento que había era escaso, una leve ventolina de dirección variable. En esos momentos nos encontrábamos con Madeira aún a la vista, por nuestro costado de estribor. La falta de viento era porque la isla de Madeira ofrecía gran abrigo a los vientos del E y del NE, en primer lugar por su orientación y en segundo lugar por su orografía montañosa con picos de más de 1.800 m. Conforme fuimos abriendo distancia fue aumentando la intensidad del viento, hasta que por fin paramos el motor, abrimos velas y el viento comenzó a hacer su trabajo, empujarnos a la nada despreciable velocidad de 8 nudos.


Después de dejar atrás las islas de Madeira, pusimos proa hacia el archipiélago de las Azores, no porque realmente ese fuera el próximo puerto de destino, sino porque era la ruta que mejor se adaptaba a las características del buque, teniendo en cuenta el viento en la zona. Al soplar viento de Levante producido por el anticiclón de las Azores, era mucho más recomendable seguir hacia las islas, y así navegar con el viento entre el través y la aleta de estribor. Estos rumbos hacen que el barco vaya menos escorado y por tanto la vida a bordo sea más cómoda. Una vez entre las islas la intención del Comandante sería poner rumbo NE hacia Ferrol.

Para los que no conozcan la vela, es necesario decir que no todas las direcciones del viento son favorables para la navegación, en el caso del ‘Elcano’ es necesario vientos abiertos de al menos 40º por la proa para navegar a vela. En caso de que llevemos dadas las velas de cruz al menos debemos ir navegando a un descuartelar, es decir con el viento abierto 60º por la proa.

Ya centrándonos en la vida de a bordo, ese mismo día por la mañana se tocó “maniobra general”, el propósito era aprovechar al máximo el empuje del viento de levante, por lo que se dieron las velas de la cruz, las escandalosas y el foque. Para dar las velas altas y la cruz tuvieron que subir los guardias marinas al trinquete cruz, ya que todas las velas estaban aferradas de puerto, y para poder darlas debían quitar las randas que sujetaban el paño a las vergas (las randas son unos cabos que sujetan la vela a la botavara o a la verga cuando ésta se encuentra aferrada). Una vez estaba el paño libre, se podían dar el trinquete, los velachos y el juanete sin problema. Por su parte los gavieros de los diferentes palos hicieron lo mismo pero con las escandalosas, que obviamente también estaban aferradas de puerto.


Una vez finalizada la maniobra, ya con gran parte del aparejo recibiendo el empuje del viento, y con la mar por la aleta, dábamos en ocasiones velocidades de hasta diez nudos. Es en estas condiciones cuando nuestro bergantín-goleta navega con mayor majestuosidad.

Ese lunes por la tarde fue festivo, el día no era bueno del todo ya que estaba nublado y la mar mecía demasiado el buque, aunque hubo gente que aprovechó para hacer deporte. A bordo es difícil practicarlo, sobre todo el dinámico, porque no hay mucho sitio para correr. Para contrarrestar la falta de espacio, está muy de moda saltar a la comba, sobre todo entre guardias marinas. A falta de espacio es un buen sustituto para la carrera.

El día 6 amaneció también nublado, y con bajada de las temperaturas. Durante la mañana se realizó el trabajo normal de a bordo, los guardias marinas y alumnos de la ESENGRA con sus clases, la dotación con sus trabajos de mantenimiento diarios, etc.

El personal de maniobra aprovechó para cambiar algunos flechastes de la jarcia de los palos. Los flechastes son esos tramos de cuerda que se ponen a modo de peldaños de una escalera entre los cables de las jarcias de subida a los diferentes palos. Gracias a los flechastes, el personal puede subir con normalidad a la cofa, ya que es en ellos donde se apoyan los pies.

También durante la mañana se desenvergó el foque volante para limpiarlo. El foque volante es una vela triangular que se iza en la parte de más a proa, siendo el gratil la zona más a proa de la vela, va unida a un cable mediante unos mosquetones, al desenvergar, se quitan todos los mosquetones y se puede sacar la vela.  


Ya por la tarde se realizó un ejercicio de seguridad interior, que consistió en un incendio en la lavandería e implicó al personal de máquinas y de maniobra que forma parte del trozo de emergencia en la mar. Este grupo es el encargado de actuar en caso de que ocurra cualquier tipo de incidente a bordo como incendio, inundación, deformación de mamparos, etc.

A última hora de la tarde los guardias marinas Bernal y Simón expusieron un briefing sobre la aproximación del ‘Elcano’ a las Azores. En la presentación explicaron los peligros a la navegación, faros visibles durante la travesía, fondeaderos, etc. A este tipo de briefing se le conoce como recalada. Aunque la conferencia no estaba prevista, es recomendable impartirlas para conocer en profundidad la zona a la que nos acercamos, centrándonos en lo que a la navegación se refiere.

Finalizando el día, nos acercábamos cada vez con mayor ritmo a las Azores. Se estimaba que para el día 7 por la mañana o al mediodía estaríamos cerca del grupo de islas del sureste del archipiélago, concretamente las islas de Santa María y San Miguel. Por último y como dato curioso, reseñar que la última vez que el ‘Elcano’ estuvo en las Azores fue en el año 1970, en Punta Delgada. La próxima visita no será en 2013 pero por lo menos podremos verlas desde la mar mientras navegamos a vela entre ellas.


fuente: Armada española.

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