sábado, 25 de mayo de 2013

Revelaciones sobre el YAK-42, desastre de gestión y políticos indignos.


En mayo de 2004, el entonces ministro de Defensa, José Bono, que llevaba apenas un mes en el cargo, viajó a Trabzon (Turquía), donde un año antes se había estrellado el Yak-42. Con motivo del décimo aniversario del accidente, que se cumple mañana domingo, Bono ha facilitado a EL PAÍS el contenido de su diario de aquellos días, una parte del material en bruto del segundo tomo de sus memorias, que se publicará a finales de este año.

» Martes, 25-5-2004. Desde el Congreso a Torrejón. Vuelo a Trabzon (Trebisonda) en el Airbus oficial. Vienen el arzobispo castrense, el alcalde de Zaragoza, Juan Alberto Belloch, y más de 30 periodistas.

Nos trasladamos hasta el hotel Buyuk, en la ciudad de Maçka. Ceno con 160 familiares de las víctimas del Yakovlev. Pretendemos que en la sala no haya periodistas, pero levanto la vista y veo a Miguel González, de EL PAÍS, que se ha colado. Hablo con las familias y me estremecen los sufrimientos que llevan acumulados por no saber la verdad de lo que ocurrió en el accidente. Se mezclan las emociones, los sentimientos y la rabia. Me llama la atención una mujer del barrio de San Pablo, de Albacete, que ha perdido a su hijo y que habla con hondura y con fuerza. Otra madre me dice que su hijo, capitán, se despidió de ella diciéndole: “Mamá, si me pasa algo no culpes al Ejército, porque yo me voy voluntario y el Ejército es mi vida”. Aprovecho esta confidencia para, en mis palabras al fin de la cena, citar a Azaña y pedir “paz, piedad y perdón” en nombre del Ministerio de Defensa. Una chica joven me increpa. “No estoy dispuesta a perdonar ni al ministro Trillo, ni al Jeme [Jefe del Estado Mayor del Ejército de Tierra, general Luis Alejandre] y no entiendo que usted les encubra”. Al acabar la cena, una señora de Canarias me cuenta cómo a su hijo le han enterrado en Alcantarilla (Murcia) pero que ella quiere llevárselo a su tierra. Mucha emoción y mucha fuerza sentimental. Me voy a dormir con la idea de que algunas familias no están dispuestas a perdonar sin investigación de los hechos. No soy el fiscal, ni el inquisidor pero no puede dejar de afectarme la ternura con la que me habla esta madre: “Mi hijo me quería de una manera especial, hasta el modo en el que me decía mamá me emocionaba, y usted debe comprender que quiera tener cerca sus restos mortales”.

» Miércoles, 26-5-2004. Las cadenas [de televisión] reproducen la parte del mi discurso en la que dije, refiriéndome a los 62 militares que perdieron la vida en el accidente del Yak-42: “Hubieran querido morir de otra manera, lo que no quisieron es vivir de otro modo que no fuera el del servicio a España”. Por ello se modificarán los versos que habitualmente se recitan en los actos fúnebres castrenses. Ya no se dirá “no quisieron morir de otra manera”, sino “no quisieron vivir de otra manera”. Es un pequeño homenaje a los que murieron en el Yakovlev (1).


Me levanto a las seis de la mañana y asisto a la misa que oficia el arzobispo castrense en el comedor del hotel. Me pide que lea la epístola de San Pablo. En el rito de la paz, observo que debo dársela a quien anoche con más firmeza rechazaba el perdón para los responsables de la muerte de su familiar. Le extiendo la mano y le pregunto: “¿Ni siquiera aquí, en misa, eres capaz de perdonar?” “Quiero la verdad y no pararé hasta conseguirla”, me responde. Al besarla, tomo internamente el compromiso de buscar la verdad de lo ocurrido con todas mis fuerzas y hasta el final. Cambio profundo y radical en mi posición ante el accidente: buscaré la verdad sin contemplaciones corporativas. Me alegra que haya sido asistiendo a misa y en el rito de la Paz.

Subimos por un camino complicado y difícil hasta el monte Pilav, donde se estrelló el Yakovlev hace hoy un año. La cumbre está cubierta por una niebla que casi impide la visión; un grupo de niños, vestidos pobremente y con pocas prendas de abrigo ha arrancado unas flores silvestres para entregárselas a los familiares de las víctimas del Yak. Las autoridades y la población de la zona se vuelcan en muestras de afecto hacia los apesadumbrados visitantes. Pancartas en castellano les dan la bienvenida. La gente está sentada en los bares y a la orilla de la carretera para ver pasar la expedición llegada desde España para llorar en el lugar donde murieron sus seres queridos.

Ya en Madrid, llama Miguel Barroso [secretario de Estado de Comunicación] para decirme que le han dado informaciones muy positivas sobre el viaje. “El Jeme es muy odiado por los familiares y a lo mejor tienes que ceder esa pieza”, añade. Efectivamente, tendré que cesar a Alejandre y así se lo digo por teléfono al presidente [José Luis Rodríguez Zapatero]. “Una de las razones de lo mucho que odian los familiares del Yak al Jeme”, le explico, “es porque, a los ocho días del accidente, escribió una carta a Pedro J. [Ramírez, director de El Mundo] a la que adjuntaba una foto en la que posaba sonriente a bordo de un Hércules [avión de transporte del Ejército] con el siguiente comentario: Los militares no organizamos viajes de novios a Cancún”. Semejante desparpajo dolió a los familiares: y no me extraña, porque una cosa son viajes de novios y otra meter a personas en aviones sin el más mínimo requisito de seguridad, pese a las protestas y reclamaciones previas.

» Jueves, 27-5-2004. Hoy publica EL PAÍS que he ofrecido un mausoleo conjunto para las víctimas del Yak-42 por los errores que, según todos los indicios, se cometieron en la identificación de los cadáveres. Esta oferta quizá no la acepten los familiares. Haré lo que ellos quieran, porque enterrar a los muertos es tarea, y derecho, de las familias.

Mi viaje a Turquía inquieta y molesta en el PP. Desean, y así me lo hacen saber, que me olvide del Yakovlev pero es imposible. [Eduardo] Zaplana [portavoz del último Gobierno de Aznar] me llama: “Vas muy deprisa y esto te puede perjudicar… En algunos círculos de mi partido te tienen muchas ganas”. Le contesto que, “precisamente por no ser duro con Trillo, estoy teniendo problemas con algunos familiares de quienes murieron en el Yakovlev”.

Escribo una carta a Trillo en la que le digo: “Ayer se cumplió un año del trágico accidente del Yak-42 y, coincidiendo con este aniversario, viajé con los familiares de los fallecidos a Turquía. Allí, durante una cena, pedí paz, piedad y perdón. Descanso en paz para los muertos; y piedad y perdón para quienes, sin mala fe, hayamos podido cometer algún error. Las familias quieren saber la verdad. Creo que tienen derecho a saber lo que pasó y por eso les he recibido y les he ayudado para que se practiquen las pruebas de ADN. Les seguiré ayudando, facilitándoles todos los medios a nuestro alcance, para que tengan la seguridad de que desde este ministerio les hablamos con la verdad y con el corazón. En diversas ocasiones he dicho sobre este asunto que solo quiero honrar la memoria de los muertos con el honor que merecen y disminuir el dolor de sus familiares. Expresamente he declarado que no quiero ser ni inquisidor ni justiciero porque en mi código ético y político no cabe alentar el odio...”

Llego a Zarzuela para asistir a la misa en honor de los Caballeros Laureados de la Orden de San Fernando. Hablo a los Jemes [Jefes de Estado Mayor de los tres ejércitos] del Yakovlev. Les hago saber lo que los familiares piensan del Jeme [Alejandre] y de Trillo. El Jeme, dolido, asegura que “con algunas familias es imposible hacer nada porque están instaladas en el odio y otras solo quieren humillar al Ejército y conseguir dinero”.


 El rey Juan Carlos, durante el funeral celebrado en la base aérea de Torrejón por los 62 militares españoles en el accidente del Yak-42. / MIGUEL GENER

El Rey me comenta: “Lo estás haciendo bien con las familias...” Le digo que el funeral estuvo mal organizado y, para conocer su opinión, añado: “Algunos aseguran que se hizo una ceremonia única y rápida para que los Reyes pudiesen asistir a un solo funeral y no incomodarles con varios actos fúnebres diferenciados”. “¡Eso es mentira!”, me contesta el Rey. “Yo no voy a la ópera, pero para actos militares no me tienen que insistir...Hicieron lo que quisieron, sin que yo ordenara nada”.

» Jueves, 1-7-2004. Cena en casa de un amigo. Un dirigente del PP me advierte: “Rajoy dice que nos estamos portando muy bien contigo y que tú eres el ministro que más daño nos hace, pero tenemos mucha información tuya y te vamos a empapelar como sigas con el Yakovlev… el almirante Torrente [Francisco Torrente Sánchez, secretario general de Política de Defensa con Bono y jefe de la Armada con Trillo] es un traidor que no ha sido leal con ningún ministro y que tampoco lo será contigo”. Paco Torrente es, desde mi punto de vista, uno de los mejores soldados de España.

» Viernes, 2-7-2004. Comida con Carlos Ripollés, Alfonso Agulló [hermanos de dos militares muertos en el siniestro] y el abogado de la Asociación de Familiares. Me dan información detallada y un dossier muy completo sobre el caso que ratifica las tropelías que se hicieron con nuestros soldados al obligarles a viajar en condiciones en las que nunca debieron hacerlo y, después, la desvergüenza con que trataron sus cadáveres.

» Miércoles, 1-9-2004. Recibo el informe del Instituto Anatómico Forense sobre las identificaciones del Yak-42. Se confirma por escrito lo que ya sabíamos: las 30 identificaciones de cadáveres realizadas por los forenses españoles son falsas. ¡Qué desastre! Ni siquiera el azar ha estado de parte de estos negligentes.

» Miércoles, 13-10-2004. Voy al Estado Mayor de la Defensa con el director de mi gabinete, Roberto López, para recabar datos del Yakovlev. Estoy harto de que no me entreguen la documentación que pido; sé que la tienen por un informe del CNI [Centro Nacional de Inteligencia]. Aprovecho que el Jefe del Estado Mayor de la Defensa [Félix Sanz] comparece en una Comisión del Congreso para, en su ausencia, no comprometerlo. Me reúno con el Jemacon [Jefe del Estado Mayor Conjunto] y con otros oficiales. Les noto en guardia, recelosos. Ellos no se fían de mí y yo no me fío de ellos. Después de una hora de conversación y de poner de manifiesto sus contradicciones les digo que “en el Yakovlev no se transportaba ganado sino militares españoles y debo decirles que esta casa no actuó con la diligencia debida”. Están sobre ascuas. Pregunto dónde están los archivos del Yakovlev y me bajan hasta un despacho donde hay un armario cerrado. Dicen que la llave la tiene un comandante que hoy no ha venido porque está enfermo. Fuerzo el armario. Saco papeles y yo mismo voy seleccionando los que me interesan. Me llama la atención la escasa diligencia con la que han archivado esta documentación. Empiezo a colocar documentos en una caja. Un coronel (2) me dice que tiene órdenes de que de allí no salgan papeles sin la debida custodia. Le miro con enfado y le ordeno: "Llame a la Guardia Civil para que los conduzca y custodie hasta mi despacho”. Es una manera de mostrar que no me fío de ellos y que prefiero a la Guardia Civil. No pienso dar un paso atrás. Me llevo los documentos que son muy importantes para acreditar que el Estado Mayor de la Defensa tuvo gran responsabilidad en la contratación de un avión al que nunca debieron subir nuestros soldados. Esa documentación acredita que nunca se contrató la prima del seguro para los pasajeros, por lo que el Estado tuvo que abonarlo; que hubo hasta seis subcontrataciones sucesivas; y que, como consecuencia de esta cadena de intermediarios, Defensa pagó 149.000 euros por el vuelo del Yak-42 pero la compañía que operaba el avión solo recibió 45.000. ¿Quién se quedó con la diferencia? ¿Sucedió lo mismo en los más de 40 vuelos anteriores contratados para el transporte de las tropas españolas?

(1) Lo demandó el honor y obedecieron.
Lo requirió el deber y lo acataron,
Con su sangre la empresa rubricaron,
Con su esfuerzo la Patria engrandecieron.
Fueron grandes y fuertes, porque fueron
Fieles a los ideales que abrazaron.
Por eso, como valientes lucharon,
Y por eso como héroes murieron.
Por la Patria morir fue su destino,
Querer a España su pasión eterna,
Servir a los Ejércitos su vocación y sino.
No pudieron servir con más grandeza,
No quisieron andar otro camino,
No quisieron vivir de otra manera.

(2) Por esta causa, Bono se negó a ascender al coronel en las tres ocasiones en que se lo propuso el Ajema (Almirante jefe de la Armada). Hoy es general. Bono apeó la hostilidad y lo ascendió como última decisión antes de dejar Defensa. Personalmente se lo comunicó al interesado desde el salón del Consejo de Ministros el 7/04/2006


fuente: El País.

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