miércoles, 9 de diciembre de 2015

Cómo aterrizar una aeronave de 100 millones de dólares sobre un montón de colchones viejos

LQT Defensa | Siempre se pueden encontrar cosas curiosas en el mundo de la aviación militar, y esta es una de ellas. ¿Cómo crees que hay que aterrizar un V-22 Osprey al que no le baja el tren de aterrizaje?

Aunque parezca cómico el procedimiento de los Marines de Estados Unidos en estas ocasiones indica aterrizar sobre 5 pilas de colchones viejos atados de seis en seis. Es la última opción del procedimiento de emergencia cuando el tren ha decidido no bajar de ninguna de las maneras.

Tres V-22 osprey de los Marines aterrizando con normalidad 

Esto fue lo que le pasó al Capitán Paul Keller durante una misión con su unidad, el Marine Medium Tiltrotor Squadron 165 desplegado en apoyo de la Operación Inherent Resolve, que centra sus esfuerzos en Irak y Siria.

Fue una noche de julio en la que el tren de aterrizaje decidió no bajar a cumplir su misión. Por suerte tenían suficiente combustible para seguir en el aire el tiempo suficiente para probar todo lo que el checklist de la aeronave indicaba como contramedida ante ese tipo de fallo. No funcionó, y por mucho que probaron otras opciones no consiguieron resultados positivos. Se dispusieron entonces a aterrizar sobre lo que el procedimiento de emergencia marca para estos casos, un montón de colchones viejos atados en pilas de seis que se encuentran siempre listos sobre la pista.

Gracias a la habilidad del piloto, y las indicaciones que le daba el Jefe de carga, consiguieron dejar el convertiplano en el lugar preciso. Nadie sufrió lesiones y el aparato pudo volver a volar una vez arreglado el fallo en el tren de aterrizaje.

 El piloto junto a las pilas de colchones.

El incidente sirvió para confirmar la validez del procedimiento y justificar porqué los Marines deben llevar todos esos colchones arriba y abajo cuando despliegan en el extranjero, ya que son una carga que ocupa espacio y peso durante la proyección de la fuerza por aire. Por suerte los colchones no se quejan y ahí siguen, de guardia, esperando para cumplir su misión.

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