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El C-130 "Hercules" que voló tras 17 años congelado en la Antártida

De entre todos los aviones de uso militar, quizás el mas mítico y duradero es el avión de transporte táctico C-130 "Hercules", fabricado por Lockheed Martin desde 1954 y en servicio en más de 50 países. 

Con más de 2200 aviones fabricados a lo largo de su historia, muchas han sido las hazañas en las que ha participado esta aeronave. Y las que le quedan, pues aún está en producción en su última versión y asignado a variadas misiones alrededor del mundo.

Versión del C-130 específica para operar en la Antártida. Fotos

La logística para proveer a las bases científicas en el polo sur es muy complicada, tanto que los aviones aterrizan sobre pistas de nieve compactada, o hielo, durante el verano antártico, quedando incomunicadas durante 7 meses al año por las duras condiciones climáticas, que no permiten la operación de buques y aeronaves en la zona.

Te recomiendo ver este vídeo para hacerte una idea más precisa del contexto.


Hoy nos ocupa un C-130 concreto, el que se pasó 17 años literalmente congelado en el continente antártico, siendo reintegrado al servicio cuando surgió la necesidad. El avión había sido fabricado en 1959, siendo parte del programa logístico antártico desde 1961.

Corría el año 1971 cuando este aparato se estrelló mientras despegaba desde un remoto aeródromo a 850 millas de McMurdo Station, la principal base estadounidense en la región. El avión, que podía despegar asistido de cohetes para mayor propulsión (JATO), quedo dañado cuando dos de los propulsores externos saltaron de su fijación impactando en el motor más próximo, este a su vez dañó con sus palas el motor exterior e incluso atravesó el fuselaje, sin dañar a nadie.

El avión siniestrado en un vuelo anterior.

El avión, que tan solo estaba a 16 metros del suelo, quedó sin propulsión en el costado izquierdo, mientras los 2 motores del lado derecho daban toda su potencia. Esto desequilibró el aparato e impidió seguir ascendiendo, precipitando el avión contra el suelo. Gracias a las maniobras del piloto cayó plano, a pesar de su potencia asimétrica, sobre un banco de nieve cercano a la pista. De esta manera nadie resultó herido y el avión no tuvo daños estructurales importantes, excepto la perdida de 2 motores y desperfectos propios del impacto.

Los pilotos y tripulación tuvieron que esperar con material de supervivencia durante 3 largos días, hasta que otro avión pudo rescatarlos. El personal de rescate tuvo solamente 1 hora para llevarse los equipos más valiosos del aparato siniestrado, abandonado el resto a la intemperie debido a la remota localización y el incierto estado estructural del aparato.

Daños en fuselaje y palas del motor.

El avión permaneció en esta área, denominada D-59, durante 17 largos años, totalmente cubierto por la nieve helada, que es permanente en esa zona. En 1987, tras algunos planes de rescate que no siguieron adelante, surgió la necesidad de sumar aviones al programa antártico, ya que los existentes no eran suficientes para el esfuerzo logístico que demanda la región. Entonces se puso sobre la mesa recuperar el aparato congelado, operación que se cuantificó en 10 millones de dólares, frente a los 38 millones que costaba un avión nuevo.

Así se inició una operación de rescate que comenzó con el traslado de personal, maquinaria y un campamento improvisado, para desenterrar el aparato colgado por 12 metros de nieve. Las especiales condiciones climáticas y el efecto de la cobertura de nieve y hielo habían conservado el fuselaje en buenas condiciones, por lo que se inició la operación de mantenimiento de volver a instalarle equipos y motores suficientes para volar hasta McMurdo Station.

Proceso de desenterrar el avión de la nieve.

Durante estas operaciones, otro C-130 que llevaba material para la operación se estrelló en la zona. Murieron 2 tripulantes y quedaron heridos otros 5.

Cuando el avión tuvo instalados los equipos básicos, y todos sus motores, se puso en marcha y se probó en tierra, realizando incluso una carrera de despegue para asegurar que el avión llegaría a la velocidad necesaria para volar. 

El avión llegó a McMurdo Station en enero de 1988 para posteriormente volar a Christchurch (Nueva Zelanda), base logística principal para abastecer la zona. Una vez en Estados Unidos fue puesto al día y devuelto al servicio antártico en 1993. Permaneció asignado hasta 1999, momento en que fue almacenado en el mayor cementerio de aviones del mundo, la Base Aérea de Davis-Monthan, en Arizona.

Según todas las fuentes consultadas no hay evidencias de que el avión fuera recuperado para el servicio ni tampoco desmantelado, por lo que permanece almacenado en el desierto para cubrir necesidades futuras.

Fuselaje almacenado del avión concreto al que nos referimos. Supuesto estado actual en 2018.

Puedes encontrar más detalles aquí: http://www.southpolestation.com/trivia/history/321/321.html y aquí.

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